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sábado, 21 de marzo de 2026

DIOS, EL DIABLO Y LA MUERTE

 Este es un conocimiento de doble poder, puede construir o puede destruir las bases de una sociedad y la mentalidad de quienes no comprendan de qué se trata esta triada. Son tres fantasmas que han existido en lo más inherente del ser humano, miedo y temor profundo a lo desconocido, pero desconocido ¿por qué? si el hombre vive, también debe morir, no por su deseo, sin embargo muere. Si el espíritu anhela la vida, la carne debería anhelar la muerte y sin la existencia del hombre la muerte no existiría.

Puede morir la naturaleza, pero esa muerte no es tan dramática como la del hombre, la muerte de la naturaleza no deja ese vacío que hace sentir la muerte del hombre. Pues con su muerte, deja de haber interpretación de la creación, deja de haber suspenso y misterio. El miedo a morir no existiría si el hombre no existiera, entonces la muerte por sí sola no es nada, no representa temor, solo es la desaparición del hombre la que despierta miedo.

La muerte de la naturaleza, no genera vacío porque vuelve a nacer, en cambio la existencia del hombre no vuelve, ningún hombre puede llenar el vacío que otro deja

¿Si el hombre no existiera que fuera de Dios, existiría o no? Precisamente el drama de la muerte del hombre genera un vacío, porque muere una forma de la creación nunca antes creada. La forma de la entidad del hombre, es una forma ingeniosa de Dios.

Dios existe antes, durante y después de la existencia del hombre, Dios real y verdadero no tiene una entidad, es una luz con inteligencia propia, Dios en su máxima sabiduría es incomprensible, Dios no puede ser concebido por la imaginación humana, y si puede concebirse, solo puede ser a través de una forma, porque el hombre es un ser de formas y también es un ser de luz, pero la luz en el hombre, al estar prisionera de la carne, debe esperar a ser liberada por la muerte, solo así puede saber quién es Dios.

Dios solo tiene forma en la imaginación humana, pero en su esencia solo es luz. La luz o sea Dios y la carne se comprenden en el mundo onírico porque mientras el hombre duerme puede observar formas que le transmiten mensajes sobre cosas que ha olvidado. Le recuerda con mayor insistencia que formas ilusorias deben morir en él. Los miedos y las ilusiones son grandes obstáculos en la creación de Dios, que es el hombre.

El olvido existencial del hombre, no es porque no recuerde sino porque no puede ver más allá de su existencia en latencia, por lo que su esencia o sea su luz, le revela formas que le indican cómo debe avanzar en su existencia, porque el hombre en su esencia pura, sabe por dónde debe ir, pero al existir en materia, debe hacer que sus acciones sean las correctas ya que, las acciones de su cuerpo repercuten en su esencia, o sea en su espíritu. Esto mismo sucede cuando su luz le revela por donde debe ir, el cuerpo material capta y se conduce por donde las formas oníricas, le revelan en ciertas ocasiones.

Si el hombre aprendiera a ver sin formas, existe la posibilidad que pueda verse a sí mismo y viéndose a sí mismo pueda ver a Dios. Para poder ver sin formas sin que el hombre tenga que morir, solo debe dejar de apreciar un Dios con forma de hombre, costumbres y tradiciones, no debe pensar que hay un Dios en los cielos, porque está más cerca de lo que el hombre cree. No debe imaginar una organización celestial, como lo aprecia el profeta Ezequiel.

Aunque el hombre debe aprender a saber que existe un orden de la energía universal que se presenta en grados evolutivos, ya que cada ser, vive un grado de conciencia existencial. ¿Cómo es esto? Por ejemplo: un día el ser humano cree en la superstición, pero a medida que se educa esas creencias van cambiando porque su experiencia existencial comprueba que lo que creía no guardaba mucha relación con los acontecimientos de la vida.

Aunque con esto de la superstición hay algo de fe en las personas. La fe es creer, y si una persona cree en algo, ese algo puede acontecer. La fe es la voluntad del ser humano en que se realice su deseo. Por ello es que la ciencia descarta la superstición como algo real. Si una persona cree que al salir a la calle a la media noche, verá algún ánima, puede suceder por fuerza de su pensamiento.

El orden que hay en los grados existenciales, es un conocimiento que el hombre debe aprender para poder lograr un equilibrio en la colectividad, porque es un enorme problema que mientras unos saben sobre la jerarquía de los grados existenciales y respeten los principios de la ley universal, otros estén creando a través del pensamiento la energía diabólica del diablo. Ha de saber estimado lector, que el drama de las luchar entre ángeles y demonios no se da en otro plano que no sea en el plano de la existencia.

Esto significa que mientras unos está creando la energía positiva, otros están produciendo la energía negativa, en esto, encontramos un equilibrio en la vida, el problema es la sobreproducción del mal, y sucede cuando existe el temor del ser humano a cosas que no existen, a formas que Dios no ha creado, y que son producto de la imaginación humana. ¿Dónde se ha encontrado por escrito que Dios le haya revelado al hombre de tener cuidado con las bestias demoniacas de tales formas?

La entidad del diablo y sus demonios son formas, producto de la imaginación del hombre. Al respecto hay teorías que dicen que ha sido necesario fundar este temor en lo más profundo del hombre para que no practique la maldad y, ¿en qué época y de qué sociedad se ha podido ver una convivencia sin maldad? La maldad está dentro del ser humano, quienes vivieron la guerra, experimentaron el grado apocalíptico de la maldad humana, y aún en estos tiempos sigue habiendo guerras.

El temor a las formas que no existen, es con lo que el ser humano debe luchar en su interioridad, es su propio infierno donde solo su voluntad le permitirá alcanzar el siguiente grado existencial. Superar el temor al diablo y sus demonios es alcanzar un grado existencial, dejar de creer que Dios tiene una forma es otro grado, dejar de creer que Dios está en el cielo es otro grado. La existencia es una verdadera alquimia, cada ser humano crea su piedra filosofal, cada ser humano fabrica su propio oro.

Si alguien quiere saber en espíritu y en vedad, cuál es la forma de Dios y el Diablo, véase a sí mismo y lo sabrá. Debe comprender que el bien y el mal vive en su interior y por la voluntad colectiva se pueden ver y sentir en las realidades que vive un gran número de personas en el mundo: indigencia, drogadictos, prostitución, trata de personas, alcoholismo, compra y venta de órganos humanos; esas son realidades de personas ajenas a la existencia con conciencia.  

¿Cuáles son los logros que han alcanzado la producción fantasiosa de las formas del diablo y sus demonios? ¿Cuáles son los cambios puntuales que se han visto?

Sin duda alguna no existen, porque el ser humano en su dureza emocional y mental siempre tenderá a producir desorden en su propia vida y en la de los demás.

El alto grado de la locura que ha alcanzado esta fantasía del diablo, se ve reflejada en la religión que presume posesiones demoniacas. Podría tener algo de verdad pero hasta cierto grado, esto no implica que haya entidades de espíritus dentro del cuerpo del poseído, sino más bien hay una sobre carga de energía negativa y el comportamiento del supuesto poseído es diferente. Por eso en textos anteriores se anticipaba que tratar de manipular una energía que no se comprende, tiene sus consecuencias. Tanto la luz como la oscuridad, son inteligencias con conciencia propia, por un lado la luz positiva crea y por otro lado la energía negativa comprueba la pureza de esa energía positiva tanto antes, durante y después de la existencia.

El hombre para poder llenar el vacío de la muerte se pregunta ¿qué hay después de esta vida? Parece una pregunta inocente, porque al no comprender esta existencia para qué querría seguir existiendo, pero si el hombre se pregunta por algo más es porque muy en el fondo de su ser, intuye que “hay algo más”. Fuera de la dureza de las emociones y el pensamiento, la existencia es más amena, más clara, no requiere ningún esfuerzo para vivirla porque es todo y no necesita nada.



 


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